LENGUAJE INCLUSIVO
TODOS O TODES:

Por Silvia Valenzuela

La Real Academia Española (RAE) es una institución cultural con sede en Madrid, España que se dedica a elaborar las reglas para el uso del idioma español, fue fundada hace 303 años, el 3 de octubre de 1714.  En referencia al lenguaje inclusivo ellos expresan: “no confundan la gramática con el machismo”. En octubre de este año se va a saber si la RAE  lo acepta o no, pero adelantan: no es esperable que la morfología del español integre la letra “E”.

El término masculino, desde mi mirada, dejó de representarnos hace tiempo. Este cambio podría resultar más significativo para nosotras, las mujeres, porque siempre nos dejaron afuera de muchos temas importantes, como por ejemplo el hecho de VOTAR.

Cambiar una letra significaría más igualdad para la mujer, debido a que existe una gran desigualdad entre ambos géneros: el hombre siempre tuvo más poder que la mujer y, aún hoy, esa situación continúa.

Las personas que no quieren que se use este lenguaje comentan que es tonto. Sin embargo, en esta sociedad que es tan machista, donde la mujer es desvalorizada y la pasa muy mal, los derechos deberían ser iguales para todes. En este sentido, el lenguaje inclusivo puede ser una forma de comenzar a transformar este escenario .

Este lenguaje podría ser utilizado en todos lados, por ejemplo: en escuelas o jardines, para que todes pudiésemos saber de qué se trata o que por lo menos se escuche con más frecuencia.

Sería fundamental que la RAE incluya o acepte la utilización del lenguaje inclusivo, para que todes podamos hablarlo sin problemas y comience a naturalizarse.

En los jardines se está tratando de inculcar, para que les niñes vayan aprendiendo o entendiendo ¿qué significa esto? Sería importante que haya más información, que pueda hablarse más, sin tener miedo a las represiones.

Ojalá logre implementarse algún día, para que de una vez por todas haya justicia e igualdad para todes.


ANECDOTARIO

Por María Carballeda

Estando en Nueva Zelanda me sucedieron cosas muy lindas, que me sorprendieron y que nunca hubiese imaginado que podrían pasar allí, ni en otros países y ciudades que he visitado. Entendí que esas cosas que sucedían se debían a las distintas formas de la cultura características de cada sitio.

Una noche, caminado por el centro y con muy poca gente transitando, escucho detrás mío  los  gritos de una niña de aproximadamente diez años y de su padre de unos cuarenta años. La situación me llamó la atención, por eso me di la vuelta y observé que venían jugando una carrera, cada uno en su monopatín. Primero pasa la niña a toda velocidad y luego el padre, ambos muy felices y riendo, iban por la calle y por la vereda . En ese momento, me di cuenta que lo que más me sorprendió fue ver al padre divirtiéndose de esa manera, jugando como un niño más.


EL DÍA QUE ME ENTERÉ DE LA REFORMA PREVISIONAL

Por Ingrid Vizcarra terrazas

Fue uno de esos días que no podré olvidar, sinceramente no lo entendía. Prendí la televisión y mientras miraba los programas como todos los días, llegó la tarde. Yo no sabía qué pasaba, en todos los canales se veían las calles con mucha gente reclamando. Entonces, al mirar las noticias me conmovió el relato de un periodista cuando dijo: “los policías no dejan entrar a los jubilados a la Cámara de Diputados”.
Los jubilados decían “que les querían recortar la jubilación”, expresaban que habían laburado toda su vida, para que cuando llegaran a jubilarse y sus fuerzas disminuyeran, pudieran disfrutar algo de lo que ellos habían aportado en su juventud.

En muchos casos había jubilados a los que no les alcanzaba la plata para vivir. Estaban tan molestos que empujaban las vallas para poder acceder a la Cámara de Diputados, pero no lo podían lograr porque estaban siendo sostenidas por los policías.
Los jubilados, estaban esperando la decisión que saldría de la Cámara. En muchas caras se veía la angustia, el desamparo y el desconcierto de aquellos que toda su vida laburaron para poder estar tranquilos en su vejez. Ahora, con sus fuerzas menguadas, con los precios tan altos tienen que enfrentarse a otra lucha más.
Cuando salió la respuesta de que la Cámara había aprobado la reforma, vi un centenar de jubilados resignados, tristes y desconcertados, pero también vi la fuerza de una generación, la que construyó este país con mucha fuerza de voluntad y trabajo duro, observé de igual manera la unión de una sociedad que lucha ante las injusticias de la política y el poder de las clases altas en contra los que menos tienen. Ellos no se lo merecen, son las personas que hicieron crecer esta Nación, son los que se pusieron el país en la espalda cuando todo estaba mal, son ellos quienes no dejaron de trabajar, aun con  pésimas condiciones laborales, con salarios bajos y con impuestos cada vez más altos.
Hoy se enfrentan a una nueva lucha, mi respeto a todos los jubilados. Algún día quiero llegar a ser como ustedes.


CARLITOS, MIS ÚLTIMOS MOMENTOS

Por Luis Elias Gonzales 

Un texto que contribuye al enigma de otro cuento: “El  monstruo” de Mariana Enríquez.
Reinterpretado  y redefinido como un caso particular: La muerte de Carlitos.

¡OH! Que molestia que tengo contra esta sociedad. Nuevamente estoy como al principio, como si no tuviera patria, nacionalidad, ni tampoco humanidad.
Me siento excluido, aun siendo parte de esta sociedad donde las leyes se hacen para nosotros, pero no se aplican a nosotros. Como si fuésemos de una segunda clase o incluso peor que animales. Solo nos miran como semejantes cuando hay elecciones o campañas políticas. Vienen todos a vernos, a entregar pan, comida y promesas “para una vida digna”, pero sus promesas se van, porque solo duran lo que sus campañas, después volvemos a ser invisibles a los ojos de la sociedad. Somos igual que ganado, somos sumisos y nos vemos como iguales entre nosotros mismos. Pero no ocurre lo mismo con aquellos que están fuera de esta isla.
Esas personas necesitan y tienen que hablar de nosotros, para no permitir que la sociedad se olvide de nuestra gente, sino no podrían lograr sus fines.
Cada cierto tiempo necesitan alimentarse de nuestra carne y beber nuestra sangre, mostrar nuestros restos a la sociedad, para no ser olvidados y ser siempre los marginados.
Siempre que aparece una nueva víctima de este monstruo que habita el río, son chicos buenos, pero sin nadie que vele por ellos y los que son como yo, de ojos rasgados, piel trigueña y acento de villa, somos descalificados por esta sociedad, porque fue la villa la cuna que nos vio nacer y al crecer nos calzó con sus calles. Nadie escucha las voces de nuestros cuerpos, aun cuando la verdad salta a la vista y se esconde entre las miradas de quienes nos ven por ser quienes somos “la otra gente”.
¿Acaso no somos gente?
Ojalá hubiese alguien con el talento para hablar como el Chino. Él puede hablar con todos y no tiene ese acento de villa o como mi hermano Pablo, que tiene la facultad de hacerse entender y escuchar por toda la gente, aun por los que están fuera de esta isla.
Ya pasó mucho tiempo desde que uno de los pibes fue noticia en los diarios, salió en la televisión por dos minutos, cosa muy necesaria para que la sociedad mire hacia este lugar olvidado por Dios. Se escuchará el llanto de madre y hermanos que nunca saldrán de estas costas, de esta isla custodiada por un monstruo del que nadie escapa, que se esconde en los ojos de todos y aun así nadie lo ve.
¡Dios! ¿Por qué tiene que pasar esto? Que mala noticia me has traído Chino. Rezumba en mis oídos y resuena en mi corazón, ojalá nunca la hubiese escuchado. Pablo, mi querido hermano ¿Por qué tú tienes que ser la víctima? ¿Cómo puedo hacer para salvarte? ¿A quién puedo acudir?  
No puedo hablarle a la policía, porque lo único que lograría sería aumentar el número de víctimas. Tendré que ir donde están aquellos, los únicos con el valor de enfrentarse a los policías, los que han visto al monstruo y han hablado de él en los callejones y pasillos:
”Los indeseables”. Haré un pacto con esos que son como demonios embravecidos, pero que no son nada comparados con aquel monstruo.
Después de una corta charla y un momento de mucha tensión, hemos llegado a un acuerdo con los Indeseables del fondo. Cuando sea el momento me quedaré solo tras su huida, seré el único culpable de todo el bardo y todo el estruendo que haremos.
Para que aceptaran el trato les ofrecí todos mis bienes, pero solo pactaron mi vida y unas cuantas botellas, porque me dijeron que “nadie sobrevive después de ver al monstruo” y solo así accedieron a ayudarme.

Hicimos estruendosos ruidos, fue una noche en las que muy pocas veces se escucha algo. Nos metimos en las fauces de los lobos carniceros y herimos a muchos y muchos salimos heridos. Cuando llegó el momento de lo pactado sentí mucho miedo, pero también me sentí parte de esos demonios y llegué a comprender algunas cosas que jamás pensé que iba a comprender.
¡Me atraparon! Sentí miedo y al mismo tiempo mi sangre hervía. Según escuché, algunos decían que tenía los ojos de un demonio y me susurraban “tú serás el alimento de esta noche”. Otros querían golpearme, pero alguien dijo “no” y los detuvo. Lo que me espera es mucho peor que lo que ellos me podrían hacer sentir con los golpes. Hasta los más fuertes terminan llorando y pidiendo a clemencia a Dios.
Me llevaron a orillas del río, antes que la noche se convirtiera en día y antes de que  acabase la noche, en una completa oscuridad. Escuché una voz que me decía: “serás popular unos días”. Mientras se reían, mi corazón encontró paz, sentí una calidez desde lo más profundo de mi ser porque sabía que había salvado a mi hermano. Al mismo tiempo comencé a sentir temor, mi vida terminaría muy pronto.
Ya no tenía resentimiento, ni odio hacia a aquellos a los que me enfrenté; no los culpo puesto que así han crecido, alimentándose de los desperdicios que deja el monstruo.

Tal vez sea la época, la sociedad o tal vez nuestra culpa por haber nacido.
El porqué de no poder matar al monstruo no es solo culpa de ellos, creo que nunca podrán matarlo, porque es un trabajo de todos.
Mis captores se ríen al verme la cara, me dicen que si cruzo el río sobreviviré, seré libre si escapo del monstruo, pero nadie escapa de él. Yo sé que ellos también son víctimas sin darse cuenta. Tengo la dicha de saber que seré un mártir, pero no impuesto por ellos, sino por mí mismo. Sé que dejo una semilla a las generaciones que vienen, la fuerte voluntad del Chino capaz de hacer amistades con todos y mi querido hermano Pablo que puede hacer escuchar las voces de los demás. Cuando la gente como ellos se junte podrán matar a todo aquello que nos divide como personas, como seres humanos.

Ahora, mientras me traga el monstruo, solo puedo decir: ¡Vive hermano y la pista que te dejo será la llave para al fin matar a esta bestia! …. ADIOS


Hecho: Reforma previsional del 19/12/17
Personaje: Malena, fotógrafa independiente

“Este olor homicida, rastrero, ineludible
brota de otras raíces, arranca de otras fuentes.”
Ejecutoria del miasma, Oliverio Girondo.

Disparos en simultáneo; una cámara, una escopeta, una palabra en un discurso acalorado cumplen una misión. Un cartucho cae en el campo y rebota en los oídos del pueblo.

Yo tengo un blog en el que guardo archivos de lucha, de una ciudad que sufre y se presenta, manifiesta su descontento antes que quedarse tirado en el sillón como un padre holgazán que no le da la mesada a su hija, pero siempre tiene el mueble de bebidas lleno, o más o menos. Mi carrera es un carril para que mis seguidores exploren mi recorrido de realidades crudas, sin filtros, sin titulares maliciosos.
Cada 8 y 24 de Marzo, cada fecha memorable que la Argentina tuvo en sus plazas multitudinarias, cada daño a la clase trabajadora, cada represión innombrable, está en mis archivos. Estar en estos lugares y fotografiarlos es mi misión.  

Mediodía en Plaza de Los Congresos
Alrededor de 500 mil personas me rodean, no a mí, sino a un espíritu de frustración y furia.
Mi cámara no se pierde nada. De atrás mio aparece un muchacho con una libreta y me pregunta para qué diario trabajo.
-Soy fotógrafa independiente.- le respondo, y me escabullo entre la gente para ir al frente, cubierto de manifestantes y de escudos policiales con caballeros en kevlar detrás.
El muchacho hace un gesto y se le une un camarógrafo de un supuesto noticiero. Van a la carrera hacia la cabeza de la marcha.
Justo cuando me acerco al frente y a la barricada policial, la gente se agita.

Empezaron a volar proyectiles! Las palabras en las pancartas no alcanzaron.

Y los policías, con sus escudos y sus macanas, se bancaron los proyectiles, dispararon de vuelta con sus escopetas disipadoras, avanzaron contra la gente.
El camarógrafo apuntó hacia la pelea. El chico de la libreta apareció luego, con un chaleco azul. Y me vio a mi, con mi cámara y mi terror, y me señaló.
3 mujeres policías me empujaron y caí con mi cámara, que también se disparó como una escopeta, haciéndose añicos. Estas me agarraron y me llevaron por detrás de la pelea, del lado de la barricada policial.
Y ahí pude ver, detrás del escudo, la sonrisa que se escondía.
Los verdugos riendo, la fuerza policial creyéndose la justicia en este caos desatado por la administración corrupta que les paga dinero a ellos y a la gente que manifiesta por sus puestos de trabajo les pagan con golpes por pedir dignidad.
Lo ví todo, mi carrera careciendo de sentido, mis ganas de cambiar el mundo se estancaron en la risa de la oligarquía.
Sin embargo, los ojos son la mejor cámara; la memoria, el mejor archivo.-


¡LAS INJUSTICIAS NO CESAN!

Por Leo

Vino un amigo a casa y me dijo si quería ir a una marcha por los jubilados :-Bueno, dale vamos- dije yo. Me tomo solo un segundo convencerme de que debía acompañarlo ya que era por una causa justa su marcha, y siempre pensé que las personas mayores en este país están muy desprotegidas lo cual me parece injusto por que no se les da tanta importancia y son las más vulnerables por lo cual me molesta mucho la situación.

Fuimos en un micro y cuando llegamos habían muchas personas , que al igual que mi amigo y yo se manifestaban para cambiar la situacion de los jubilados,  a simple vista se podia ver su enojo , pero dirigian la marcha sin crear ningun disturbio.

Al principio estaba todo bien y de la nada se comenzó a formar un tumulto, empezaron los piedrazos y las corridas. La policía empezó reprimiendo con balas de goma y después con gas lacrimógeno, nosotros corríamos de un lado a otro.

Cuando miré hacia atrás, vi que tenían a mi amigo en el suelo, estaban pegándole , pero a demas de manera injusta, lo hacian muy violentamente con patadas en la espalda, estomago y cara lo tenian cabeza abajo sin poder moverse y haciendo abuso de su autoridad pisandole la espalda. Me acerqué y le dije a los policías que nosotros no habíamos hecho nada, que sólo veníamos a la marcha por los abuelos. Pero solo me ignoraron como si no existiera y seguian reprimiendolo, mientras yo no sabia de que manera actuar ante esa situacion, mientras alrededor de nosotro todo estaba empeorando, la gente estaba fuera de si.

Entre los alborotos logramos salir, mi amigo con la cabeza rota y yo con varias heridas en el cuerpo por las balas de goma.

Terminamos en el hospital. Por suerte no fue nada grave, unos moretones y nada más, después de un par de horas nos dieron el alta.

Lo grave de todo esto fue que no dio resultado haber reaccionado de ese modo , con violencia no se llega a nada bueno pero la gente por la indiferencia del Gobierno ante su reclamo perdio los estribos. Esperemos que la situacion mejore  y que podamos reclamar lo que nos corresponde como personas, y como sociedad sin llegar a la violencia , tambien ¡que deje de haber injusticia que en este pais sobran!.